domingo, 22 de noviembre de 2015

El Protagonista

El proceso no le estaba convenciendo. Había seguido los mismos pasos que el protagonista del libro, pero empezaba a notar la diferencia entre la ficción y la realidad. Las mujeres en el libro no se resistían como aquella, pero él tampoco era el inglés de la mejor época de Inglaterra. Ni siquiera vivía en ese país.
-¡Calla la estúpida boca! –profirió el joven.
La mujer solo podía emitir sonidos ahogados por la cinta aislante. Sus muñecas empezaban a sangran a causa de la gruesa cuerda que las mantenía atadas.
-¡Eres mi primera obra de arte! ¡Tendrías que estar contenta! –sus ojos casi salían de las cuencas.
En la televisión, los programas de noticas, mostraban el rostro de la desaparecida. Su nombre era Julia Navarro, y por lo que se anunciaba era una importante figura política.
-Aquí soy yo la víctima, ¿no lo ves? –preguntó mientras deambulaba por el espacioso sótano-. Siempre he querido hacer algo interesante, que mi vida fuera diferente, y cuándo lo hago mira lo que pasa. Todas las putas emisoras muestran tu cara.
Agarró el cuchillo y lo movió espantando fantasmas que solo él podía ver.
Derribó todo lo que encontró por el camino hasta quedar cara a cara con la mujer.
-¿Es mi culpa querer mi historia? ¿Es mi culpa si mi historia empieza con tus tripas fuera? No, claro que no. Es culpa de la sociedad. No me mires así, todos lo hemos deseado alguna vez en nuestra vida.
En el piso superior se escucharon pasos rápidos.
-Llevad cuidado, puede estar armado –advirtió un hombre a sus compañeros.
-Nos buscan por envidia, Julia. No quieren que seamos artistas.
La puerta del sótano se abrió de golpe y varios hombres armados bajaron las escaleras.
-¡Arriba las manos! –gritó uno de los policías.
El joven no los miró. Agarró más fuerte el cuchillo y lo hundió por encima de la cintura de su rehén.
Todos los policías dispararon sus armas con intención de matar.
Cuando todo terminó, la ambulancia se llevó a la debilitada política, sin muchas posibilidades de sobrevivir.
-¿Alguna pista de la intención del asesino?
-Hasta ahora nada, inspectora, pero hay algo muy raro –dijo el detective señalando la mesa-. Todo estaba por los suelos menos un libro.
-¿Qué libro es?
-``Jack el Destripador´´ –dijo mientras se lo ofrecía.

-Se creería el protagonista de su historia –comentó mientras guardaba el libro.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Cuentamelo del revés

Terminó de leer el libro a media noche. La hora anterior había estado limpiando todo el estropicio causado con aquel cuchillo y esa chica, que conoció en un bar. En aquel bar fue donde le invitó a tomar una copa tras avistarla desde la otra punta de la pista de baile. Sus amigos se habían ido a saludar a unos compañeros de trabajo y lo habían dejado solo. Le parecía muy duro el estar solo tras que sus amigos insistieron en que saliera con ellos y no se encerrara en casa aquella noche de sábado. Esa noche era la primera en años en la que se encontraba sin pareja. Sara le había dejado por otro tras decirle ``Nunca haces nada interesante´´.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Línea de Triple

La pelota bota. Mi cuerpo empieza a temblar.
Mis compañeros están bloqueados y, me encuentro en mitad de la pista.
Nunca se me ha dado bien lanzar de triple, pero no creo tener otra opción.
Fuerzo a mis piernas para que empiecen a correr.
Dos pasos y botar. Dos pasos y botar.
Mi primer rival me encuentra en el camino. Por suerte consigo pasarle con un giro de talones.
No sé cómo lo he conseguido, pero mejor no mirar atrás.
La línea de triple está a cinco metros, pero igual que en una película, un nuevo rival aparece.
Es el número 12, y yo soy el 21, somos rivales de naturaleza.
Intenta un ataque por la derecha, luego por la izquierda. No puedo avanzar.
Sus ojos muestran su próximo movimiento, por lo que consigo evadirlo una vez más.
Nunca he podido hacer nada como esto. Dudo de ser yo mismo.
Mis compañeros intentan librarse de sus bloqueadores, pero es muy arriesgado pasarles el balón.
Un desliz bastante oportuno hace que mi rival pierda el equilibrio, por lo que consigo pasarle.
Llego a la línea de triple y ahora no estoy tan seguro de lo que quiero hacer.
Me preparo. Oigo los pasos de mis rivales que se aproximan por la espalda. No tengo tiempo que perder.
Doblo las rodillas. Apunto con la mano izquierda y lanzo. El tiempo se detiene.
Rebota en el aro. Choca contra el tablero y entra.
He marcado. Ni yo mismo me lo creo.
Lástima que perdamos por veinte cuando termina el partido.