El
proceso no le estaba convenciendo. Había seguido los mismos pasos que el
protagonista del libro, pero empezaba a notar la diferencia entre la ficción y
la realidad. Las mujeres en el libro no se resistían como aquella, pero él
tampoco era el inglés de la mejor época de Inglaterra. Ni siquiera vivía en ese
país.
-¡Calla
la estúpida boca! –profirió el joven.
La
mujer solo podía emitir sonidos ahogados por la cinta aislante. Sus muñecas
empezaban a sangran a causa de la gruesa cuerda que las mantenía atadas.
-¡Eres
mi primera obra de arte! ¡Tendrías que estar contenta! –sus ojos casi salían de
las cuencas.
En
la televisión, los programas de noticas, mostraban el rostro de la
desaparecida. Su nombre era Julia Navarro, y por lo que se anunciaba era una
importante figura política.
-Aquí
soy yo la víctima, ¿no lo ves? –preguntó mientras deambulaba por el espacioso
sótano-. Siempre he querido hacer algo interesante, que mi vida fuera
diferente, y cuándo lo hago mira lo que pasa. Todas las putas emisoras muestran
tu cara.
Agarró
el cuchillo y lo movió espantando fantasmas que solo él podía ver.
Derribó
todo lo que encontró por el camino hasta quedar cara a cara con la mujer.
-¿Es
mi culpa querer mi historia? ¿Es mi culpa si mi historia empieza con tus tripas
fuera? No, claro que no. Es culpa de la sociedad. No me mires así, todos lo
hemos deseado alguna vez en nuestra vida.
En
el piso superior se escucharon pasos rápidos.
-Llevad
cuidado, puede estar armado –advirtió un hombre a sus compañeros.
-Nos
buscan por envidia, Julia. No quieren que seamos artistas.
La
puerta del sótano se abrió de golpe y varios hombres armados bajaron las
escaleras.
-¡Arriba
las manos! –gritó uno de los policías.
El
joven no los miró. Agarró más fuerte el cuchillo y lo hundió por encima de la
cintura de su rehén.
Todos
los policías dispararon sus armas con intención de matar.
Cuando
todo terminó, la ambulancia se llevó a la debilitada política, sin muchas
posibilidades de sobrevivir.
-¿Alguna
pista de la intención del asesino?
-Hasta
ahora nada, inspectora, pero hay algo muy raro –dijo el detective señalando la
mesa-. Todo estaba por los suelos menos un libro.
-¿Qué
libro es?
-``Jack
el Destripador´´ –dijo mientras se lo ofrecía.
-Se
creería el protagonista de su historia –comentó mientras guardaba el libro.